El puerto pesquero olía a gasoil y a vísceras en descomposición. Era una mañana gris cuando el cuerpo apareció flotando entre las redes de deriva del "San Lucas". Nadie llamó a la policía de inmediato. En el puerto, los muertos tienen su propia burocracia silenciosa.
Esta obra se adentra en el submundo del contrabando de subsistencia y la complicidad de un pueblo costero acorralado por la pobreza y el abandono estatal.